miércoles, 8 de julio de 2015

Universitaria estudia especies invasoras en la Ensenada de La Paz


Su objetivo, además de actualizar el último censo, es establecer un plan de acción o de uso para mitigar sus efectos.

 Con el tránsito naval, muchos organismos marinos se adhieren a las embarcaciones turísticas o comerciales y llegan a costas de BCS. Esto causa que ciertas especies extrañas se introduzcan en los ecosistemas ajenos invadiendo y provocando pérdidas significativas a la biodiversidad de una región. Por ejemplo, encontramos el caso de Hawaii, estado que realizó una inversión económica de más de 30 millones de dólares en el lapso de un año para reconstruir un ecosistema dañado por especies invasoras. Debido a su trascendental importancia, Karla Aristengui Guzmán, estudiante de Biología Marina de la UABCS, realiza un listado de especies nativas e invasoras de macroalgas en la ensenada de La Paz, mediante el cual pretende actualizar la información sobre los organismos que se introducen en aguas sudcalifornianas. El último censo de este tipo se realizó en 2006. Los resultados que arroje esta investigación se presentarán ante la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad con el objetivo de ofrecer herramientas en la toma de decisiones. Para llevar a cabo el proyecto, Aristengui Guzmán realiza muestras de organismos adheridos en distintos objetos, como boyas, piedras o embarcaciones. Posteriormente, los especímenes recolectados serán analizados y clasificados, ya que “posiblemente existan especies nuevas no registradas anteriormente. La universitaria señala que, en el caso de La Paz, las macroalgas invasoras pueden afectar de forma negativa a los corales marinos, hasta provocar su muerte. De ocurrir esta situación, se verían seriamente mermados los ecosistemas más importantes de la región, provocando estragos en el entorno marino y, por consiguiente, en actividades como el turismo ecológico. Hasta el momento, se han identificado tres especies invasoras de macroalgas: Caulerpa, Gracilaria y Acantofora, siendo ésta última la más peligrosa de todas debido a la forma en que se reproduce, es decir, por fragmentación. Lo anterior quiere decir que cuando una Acantofora se fragmenta continúa creciendo si se ancla a algún objeto, en lugar de morir. Según la joven investigadora, esta especie puede observarse en sitios como la Playa “La Concha”. Todos esos manchones de gran tamaño que se observan en el mar pertenecen a Acantofora, misma que ha desplazado al Sargassum, que es un alga nativa. Dicha situación es preocupante por la forma rápida en que se reproducen; si no se tiene un plan de acción o de uso, asegura, “estas macroalgas van a seguir creciendo descontroladamente”. Con relación a las medidas de control, Karla Aristengui señala que es posible elaborar diversos bioproductos derivados de las algas. Por ejemplo, en el caso de la Acantófora, en la UABCS ya se han hecho productos como pizzas, tortillas, exfoliantes y hasta jabones. Dentro de sus planes, está el realizar un biodegradable de Acantófora, pues esta macroalga contiene celulosa, que es un material orgánico altamente usado para estos fines. Con este tipo de acciones, concluyó, se busca aprovechar las especies invasoras y frenar el impacto ambiental que pueden provocar.

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